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20 de julio de 2004

Es más transgresor escribir sobre política que sobre sexo

Es más transgresor escribir sobre política que sobre sexo   El humor, en su expresión más fina o más negra, es la fibra que late en su literatura y en su vida.Tanto es así que cuando la entrevista con LA NACION concluye, la escritora Luisa Valenzuela recurre a un agudo chiste de Groucho Marx para la despedida. .Era imprescindible matizar de ese modo una charla que transitó, en gran parte, por las circunstancias que rodearon el proceso de escritura de un libro -"Cambio de armas" (Norma)- que vio la luz en el exterior, casi como un exiliado, durante los cruentos años de la dictadura. Este mes tuvo su primera edición en la Argentina. .Dice Luisa Valenzuela que escribe "contra aquellos que creen tener todas las respuestas. Siempre escribo desde una carencia. No para colmarla, sino para interrogarla". Desde esa carencia y la necesidad de interrogar un presente asfixiante, la narradora creó, en 1977, "Cambio de armas", cuya publicación fue entonces censurada. ."En Buenos Aires, mientras lo escribía, sentí que el libro iba a poner en peligro a quien lo leyera. Sentí que ya no podía escribir ni mostrar lo que escribía. Una se paraliza en esas circunstancias. Fue cuando decidí irme. En 1978 me convertí en una escritora con residencia en Nueva York", cuenta Valenzuela, mientras deshilvana las memorias de otro tiempo, que la trasladó de Estados Unidos a Francia y de allí a España y México. .El libro habla sobre las armas que no se ven y que producen las heridas más profundas. Sobre los cuerpos y las palabras que, en una instancia histórica, se convirtieron en armas. Fue publicado en inglés, japonés, portugués, holandés y español... pero sólo para México y España. .El caso de Luisa Valenzuela es singular. Con más de 25 libros editados, con centenares de artículos publicados en diarios de referencia como The New York Times, en Estados Unidos, y LA NACION, o para revistas literarias de los Estados Unidos, España y México; con una vastísima producción de artículos acerca de su literatura, no es una escritora de alcance masivo y ruidoso en la Argentina. .-¿Sintió miedo al escribir "Cambio de armas"? .-Mientras escribía me pareció que exageraba sobre lo que estaba ocurriendo. Yo era plenamente consciente de lo que pasaba. Pero necesitaba un giro de humor para contar lo trágico, porque el humor te permite salirte del lugar. El primer cuento, "Cuarta versión", iba a ser una novela, pero no encontraba la metáfora para la situación de asilo político. Yo conocí gente asilada en la embajada de México. Hubo gente que me ayudó a presentar hábeas corpus. Siempre estuve al filo de las cosas, viviendo como una doble vida. En aquel tiempo escribía en Crisis y en LA NACION. Por eso soy de ningún lado. En definitiva, soy una francotiradora de lo positivo. .-Es curioso que este libro no se haya publicado antes en nuestro país. .-No entiendo por qué no salió antes. Pero todo está siempre enlazado. Quizás el libro estaría esperando su momento de lectura. Se necesita un tiempo de internalización para ver las cosas de otra manera. Este libro cuenta historias de opresión y de poder, y de dominación del otro a través del sexo y del amor. A veces, el amor es una excusa para la opresión. Eso se ve mucho en el contexto político. .-¿Cómo se conecta el trasfondo político de aquel tiempo con la actualidad? .-Hay cosas que están saliendo a la luz. Pero veo mucho miedo y, en realidad, deberíamos tener miedo de volver a aquella época. Este es un momento de desvalorización de lo intelectual, es la poscultura de la que habla George Steiner. Por eso me parece importante seguir apostando a la literatura. Yo escribo para entender y pasar del otro lado, para poner un ojo de testigo. Lo que siempre me preocupó es lo poco que se escribió en aquellos años. Tenía la fantasía de que cuando las cosas cambiaran muchos manuscritos saldrían a la luz. Pero no fue así. Aunque es cierto que quienes escribieron inmediatamente después del horror se suicidaron. Como Primo Levy y Celine, cuando salieron de los campos de exterminio. A mí me salió porque actuaba. Nunca tuve una postura política. No tenía quien me mandara ni quien me protegiera. Aun así, siempre me encasillaron en la vereda opuesta. Sentía que quería ayudar, pero mirando críticamente la realidad. Yo escribo porque cuando el cuerpo está implicado lo pongo en palabras para sentirme menos vulnerable. En aquel tiempo sentía la necesidad de bajar a mis lúgubres lugares -como dice Steiner- porque si no bajaba no tenía forma de saber que estaba viva. Muchos estábamos implicados en ayudar a alguna gente a salir del país. .-Sorprende que no sea usted una autora masiva, dada la calidad de su literatura. .-Creo que soy incómoda. No hago concesiones a nadie. Requiero gente que me lea con un criterio de lectura real. Pero hay lectores que precisan todo masticado. Escribir es arriesgarse. Ese riesgo siempre justificó mi escritura. Estoy siempre a dos aguas, y eso incomoda. .-¿En el amor también nada a dos aguas? .-(Sonríe) También es igual. Ahí están los deseos oscuros. Yo veo las cosas, pero una igual se engancha. Una parte de mí quiere salir disparando, pero la otra parte se aferra. Es esa cosa dual que tengo y que también está en mis libros. Por suerte está la escritura, que es el espacio donde puedo solazarme y formular las preguntas. .-Habló usted del lector que le gusta. ¿Siente que éste ha cambiado en la era del marketing? .-Sí, el lector cambió. Antes era más selectivo y leía bien. Hoy quieren literatura masticada. La posibilidad de leer bien es asociar ideas distintas y abrir una ventana. Esa era la excitación de leer a Cortázar. La pregunta es: ¿qué pasó en el mundo? Llegaron el zapping e Internet. Pasó que hoy vivimos en un mundo que vemos en tiempo real. Y eso es fantástico, pero tremendo al mismo tiempo. Así como las cosas te impactan, luego las olvidás. Hoy nos han quitado la posibilidad de formular preguntas en el sentido de la pregunta socrática. Por eso me parece fascinante cierto retorno que se da a la filosofía, porque lo que se abre es una nueva pregunta. .-¿Sigue siendo transgresora la literatura erótica? .-No. A tal punto que el premio La Sonrisa Vertical está suspendido. En los últimos años es más transgresor escribir sobre política que sobre sexo, sobre todo si sos mujer. A la gente le cuesta tener un pensamiento político propio. Tener un pensamiento así genera incomodidad. Creo que hoy el desafío del escritor es hacer que los otros piensen por su cuenta. Pero ¿cuántos quieren pensar por su cuenta? .Por Susana Reinoso De la Redacción de LA NACION .Fragmento . "Las sombras se le venían encima, opacándolo todo como papel manteca. Y después, la rebeldía: lucha a muerte contra las sombras, lucha inútil porque ellas ganarán si quieren. Y si no quieren ¿de qué vale el triunfo? ."Solemos creer que para combatir las sombras se requiere más luz, pero al intensificar las luces sólo se logra intensificar la sombra. Sólo la oscuridad mata las sombras, esto es lo intolerable."